Entrada destacada

El ciclo de vida de los estadios

Construir, remodelar, demoler y volver a empezar… Una monografía sobre el ciclo que recorren todos los estadios deportivos.  Índice 1. P...

Huracán

Alcorta y Luna
La fundación del Club Atlético Huracán fue establecida el 1º de noviembre de 1908, pero los antecedentes informales se remontan a 1903.
Sello original del Club. El error de ortografía en el nombre se debió a un error del librero.
En 1910 tomó para su escudo la silueta del globo "Huracán" que, piloteado por Jorge Newbery, entre el 27 y el 28 de diciembre de 1909 realizó en 13 horas una travesía de 541 kms. desde el barrio de Belgrano hasta la ciudad de Bagé (Río Grande do Sul) en Brasil.
Escudo original con la silueta del globo Huracán (circa 1910).
El ing. Newbery autorizó en 1911 el uso de la silueta de su globo, y él mismo se constituyó en un activo colaborador y presidente honorario de la institución.
El globo Huracán de Newbery en el partido River 3-3 CASI, jugado en la Dársena Sur (24 de abril de 1910).
Entre 1911 y 1914 Huracán tuvo su primer campo de juego para competencias oficiales en la calle de las Arenas (hoy Av. Almafuerte al 300), en un predio municipal cuya concesión obtuvo gracias a los servicios del ingeniero Newbery.
En este campo de juego Huracán obtuvo dos ascensos en años consecutivos en 1912 y 1913, y así accedió  a la 1ª División de la Asociación Argentina de Fútbol. Al conseguir este logro, los dirigentes del club le enviaron la siguiente misiva a Newbery: “Hemos cumplido, el Club Atlético Huracán conquistó sin interrupción tres categorías y ascendió a primera división, como el globo que cruzó tres Repúblicas”. El ingeniero Newbery falleció en un accidente de aviación en Mendoza el 1º de marzo de 1914, a escasos días del debut de Huracán en el círculo superior.
Sepelio del Ing. Newbery (marzo de 1914).
Huracán debutó en 1ª división en un partido con Ferro que se jugó en la cancha de la calle Arenas.
Primer partido (1ª división): 29 de marzo de 1914. Huracán 4 - Ferro 2. 
Equipo de Huracán en su cancha de la calle Arenas (circa julio de 1914).
Apenas comenzado el torneo, la Municipalidad de Buenos Aires solicitó la devolución del predio de la calle Arenas.
Ubicación de los campos de juego de Huracán en Parque Patricios.
En agosto de 1914 Huracán mudó entonces su campo de juego a la Av. Chiclana 4681 esquina Alagón, a sólo 5 cuadras de la cancha que desde 1916 tuvo San Lorenzo en Av. La Plata. Durante este período creció la tradicional rivalidad deportiva que se mantiene hasta nuestros días.
Primer partido (oficial): 2 de agosto de 1914. Huracán 1 - River 0.
Casilla que oficiaba de vestuario en la cancha de Chiclana y Alagón (circa 1914).
Frente de la casilla de Chiclana y Alagón (circa 1914).
Publico sobre el techo de la casilla de Chiclana y Alagón (circa 1914)

Primitiva tribuna de socios en Chiclana y Alagón (circa 1914)
Huracán 4-2 Estudiantil Porteño (21 de mayo de 1916).
En este estadio Huracán obtuvo en 1921 y 1922 sus primeros títulos de 1ª división de la Asociación Argentina de Football.
Huracán 3-0 Estudiantes de La Plata (25 de junio de 1922).
Huracán 3-0 Estudiantes de la Plata (25 de junio de 1922).
A fines de 1923 la Municipalidad decidió abrir la calle Uspallata cuya traza atravesaba el campo de juego. En agosto de 1924 Huracán mudó entonces su campo de juego al terreno ubicado en el cruce de la Av. Amancio Alcorta y la calle Luna, muy cerca de la quema municipal (lo que le valió el mote de "Quemeros").
Cartel que anunciaba la construcción del estadio de Huracán (circa 1923)
Primer partido (inaugural): 17 de agosto de 1924. Huracán 4 - Colón (SF) 0.  
Primer partido (oficial): 31 de agosto de 1924. Huracán 1 -  Dock Sud 2.
Vista aérea del estadio de Huracán (circa 1925).
Vista general de la localización del estadio de Huracán (circa 1930).
Detalles de los estadios de Huracán y Barracas Central (circa 1930).
El estadio contaba con una tribuna oficial techada, ubicada a lo largo del lateral sobre la Av. Alcorta y una tribuna popular lateral sobre la calle Miravé. Su capacidad inicial era de 12.000 espectadores.
Tribuna lateral sobre la calle Miravé antes de su inauguración (circa 1930).
Vista de la cabecera sobre la calle Luna (circa 1930).
Vista aérea del estadio de Huracán (circa 1935).
Vista aérea del estadio de Huracán (circa 1937).
Acercamiento de la vista aérea del estadio de Huracán (circa 1937).
Estadio de Huracán (circa 1937).
Gradualmente se fueron incorporando nuevas gradas al costado de la tribuna oficial, más un codo en la cabecera noreste en el que se ubicaba la parcialidad local. El resto de las tribunas se distribuían sobre el otro lateral (donde hoy corre la calle Miravé).
Huracán 1-0 Argentino de Quilmes (5 de junio de 1927). En el fondo la tribuna lateral de la calle Miravé.
Huracán 2-0 El Porvenir. Stábile marcá el segundo gol (12 de agosto de 1928).
A mediados de la década de 1930, se estimaba una capacidad de más de 40.000 espectadores.
Tribuna oficial sobre la Av. Amancio Alcorta (circa 1940).
Carlos Peucelle en la cancha de Huracán. De fondo se ve la tribuna oficial techada y el codo de la cabecera noreste donde se ubicaba la parcialidad local (circa 1937).
El estadio contaba con un moto-velódromo perimetral de 450 metros de desarrollo y curvas ligeramente peraltadas (razón por la que no había grandes tribunas cabeceras). Inicialmente el piso fue de tierra empetrolada, pero luego fue reemplazado por una cubierta de cemento.
Vista del motovelódormo y de la cabecera a la calle Luna (circa 1940).
Cosme y Remigio Saavedra al cabo de una prueba ciclística en el velódromo (circa 1927).
Pilotos extranjeros que compitieron en el moto-velódromo de Huracan (circa octubre de 1930)
En este estadio Huracán obtuvo los títulos amateur de 1925 (Asociación Argentina de Football) y 1928 (de la unificada Asociación Amateur Argentina de Football). Como campeón vigente, en 1929 enfrentó al Bologna de Italia, al que derrotó 2 a 1 frente a una verdadera multitud.
Huracán 2-1 Bologna (24 de agosto de 1929).
Alrededores del estadio durante el partido con el Bologna (24 de agosto de 1929).
Último partido (amateur): 29 de marzo de 1931. Huracán 1 - Independiente 1.
Primer partido (profesional): 4 de junio de 1931. Huracán 0 - Ferro 1.
Escudo de Huracán (1933 y 2015).
Publicidad electoral - Revista La Cancha (circa 1933).
Festejos de las Bodas de Plata de Huracán (1º de noviembre de 1933).
Huracán 1-1 Estudiantes de La Plata (28 de abril de 1935). Al fondo la tribuna visitante de la calle Miravé.
Huracán 3-1 Boca (28 de junio de 1936). En el fondo de ambas imágenes, se ve la tribuna y codo de la calle Miravé.
En 1939 Huracán compró los terrenos de Alcorta y Luna. A fines de 1942 dejó de utilizar el viejo estadio, pues decidió levantar otro de cemento armado cuya construcción demandó 5 años.
Último partido: 22 de noviembre de 1942. Huracán 3 - Gimnasia LP 1.  
El gran goleador Herminio Masantonio, frente a la tribuna lateral de la calle Miravé (circa 1940)
El siguiente video, extractado de un noticiero de la época, recoge las imágenes del inicio de las obras en 1943.
video 
Maqueta del proyecto del estadio de Huracán (circa 1942).
Vista del Palacio Ducó durante Huracán 1-1 Boca Juniors (5 de agosto de 1962).
Vista aérea del estadio de Huracán (circa 1965).
Vista aérea del estadio del Club Huracán (circa 2010).
A fines de 1934, la redacción de la revista Caras y Caretas encomendó a Emilio Dudeló una serie de artículos sobre los orígenes de los 14 equipos de fútbol que ese año completaron el torneo de la Liga Argentina. Cabe notar que, en aquel tiempo, la mayoría de los clubes tenía menos de 30 años de antigüedad y varios de sus fundadores fueron entrevistados. No fue una tarea de investigación (hay datos errados), sino de compilación de lo que hasta ese momento sólo eran anécdotas que se transmitían por tradición oral. Con el tiempo, estos artículos se convirtieron en documentos esenciales que ayudaron a preservar la rica historia del fútbol en la Argentina.

Se transcribe a continuación el artículo completo correspondiente al Club Atlético Huracán:
En este link podés descargar el PDF del artículo original con fotos.

El Club Atlético Huracán, que nació en Nueva Pompeya, es el ídolo de la "hinchada" del Parque de los Patricios

El club de los "globitos". — A la luz de un farol en plena calle. — Verde esperanza y no se pierde. — Huracán se escribe con hache. — Sello nuevo y vida nueva. — Venden el voto para terminar la cancha. — Jorge Newbery “hincha" de Huracán. — Aldo Cantoni animador de los globitos.

Hace un cuarto de siglo nació en Nueva Pompeya

AMASANDO diarios viejos y atándolos con piolines a modo de pelota, para remedar en un afán deportivo un partido de fútbol en los baldíos de Nueva Pompeya; pateando en las calles de la humilde barriada a las horas de clase; robándole las horas al estudio en rabonas colectivas, para enfrentar en un potrero al cuadro enemigo, formado por otro grupo de muchachos estudiantes, todos ellos de pantalón corto, y adentrándose cada vez más en la afición futbolística, con más entusiasmo que en las clases de primeros grados elementales que cursaban en las escuelas del Estado, vino al mundo el hoy Club Atlético Huracán. Si fue modesta y humilde su cuna, no fue por cierto menos ingenua e infantil su fundación. Niños eran sus primeros socios y cosas de niños hicieron en los pintorescos primeros pasos de esta gran institución deportiva. La historia de todos los clubs que hasta la fecha hemos publicado en estas páginas, desde la interesante formación del Club Atlético Boca Juniors, con que iniciamos la serie de artículos, contando la vida, origen y desarrollo de las grandes instituciones deportivas del país, ha sido pintoresca y rica en peripecias y en todas hemos visto que los clubs vinieron al mundo en forma precaria, modesta y como consecuencia del empeño, entusiasmo y afición de un puñado de hombres o muchachos. Pero en ninguno de los casos, el origen de una institución tiene un sabor de ingenuidad y un candor tan simpático y grande, como el de este Club Atlético Huracán, que vino al mundo creado, formado, ideado y sostenido en sus balbuceos por un puñado de chicos, que como chicos fundaron inconscientemente algo que jamás soñaron se convertiría en lo que es hoy.

En plena calle y a la luz de un farol de querosén

MIENTRAS sentadas en las puertas de las casas de lata, que poblaban Nueva Pompeya, las madres y los padres de los chicos de Nueva Pompeya, respiraban un poco de aire fresco de la noche, después de un día de labor, escapándole al calor encerrado en las piezas; al pie de un farol, no se sabe bien si de las calles Cachi, Truful o Aneaste, se reunían también los "pibes del barrio" en largas deliberaciones. ¿De qué hablaban aquellos chicos de pantalón corto sentados en el suelo a la luz mortecina de aquella débil lámpara? ¿Quién dirigía el animado debate? Hablaban de fútbol y era del grupo el que más hablaba Tomasito Jeansalle. Tomasito dominaba a su pequeño auditorio y reflejaba en sus palabras el entusiasmo contagioso del poseído de un ideal. Los demás chicos que se reunían, a lo sumo quince o veinte, escuchaban entusiasmados la convincente perorata de Tomasito, quien, después de una serie de conferencias nocturnas, frente a la puerta de su casa consiguió darle forma rudimentaria a la obsesión que lo torturaba. Era necesario formar un club de fútbol entre los "pibes" vecinos y compañeros de colegio, y el club se fundó, como hemos dicho, resolviéndose por unanimidad a la luz de un farol de querosén. No había local, ni correspondencia, ni actas, ni presidencia, ni las cosas necesarias o imprescindibles para cimentar una entidad, pero había, en cambio, quince o veinte corazones resueltos, entusiastas y llenos de juvenil energía que se llevaban por delante el mundo, siguiendo la bandera de su ideal deportivo. El club quedó constituido y alguien recuerda como fundadores, desde su iniciación en la vereda de lo de Jeanselle, a V. Lujan, J. López, G. Brumett, I. Stefanini, A. Caimi, O. Palacios, Serradell, J. Fariña, A. Cambiasso, A. Villar, E. Verni, V. Chiarante, E. Leroy, E. Desillola, R. Guruchaga, A. Salgado, R. Hernández, J. Sapagarino y dos o tres cuyos nombres, por no haber libros de actas en los primeros tiempos, se han borrado de la frágil memoria de los sobrevivientes, y no ha quedado constancia alguna de su presencia. Agrupados así los chicos, más que en un verdadero club, en una reunión de simpatía y mutuo cariño al deporte y al barrio, jugaron contra otros chicos igualmente asociados, los primeros partidos frente a las vías del Ferrocarril C. G. de la Provincia de Buenos Aires. No podían ser más pintorescas las condiciones en que se jugaban los primeros partidos de aquel club, que ni nombre tenía de puro pobre que era. Dos cañas huecas los postes, y entre las dos cañas un piolín a modo de palo transversal eran lo que formaba el arco. Los dos primeros encuentros que recuerdan los fundadores, como partidos serios, jugados después de fundada la agrupación, fueron uno que disputaron al club La Luna, y otro que le jugaron a los componentes de El Triunfador. En ambos partidos, los muchachos de Jeanselle, así les llamaban en el primer tiempo, ganaron y perdieron; en el primero haciendo dos goles contra uno de los muchachos de La Luna, y en el segundo perdiendo uno a cero, pero demostrando tener la entereza y afición necesaria para imponerse a sus adversarios si se hacía la práctica metódicamente, y se seguía con interés el juego de los clubs de hombres grandes ya constituidos por aquel entonces y que servían de escuela a la afición infantil.

Va tomando forma poco a poco
LLEVABAN ya algunos meses de práctica intensa y de encuentros entusiastas, disputándose con los adversarios un peso veinte, dos pesos y hasta tres nacionales, y acumulando un capital social de once pesos, más lo que esperaban obtener de la cuota inicial de veinte centavos, cuando se formalizara la organización del club, y se resolvió en una de aquellas memorables asambleas de "vereda al pie del farol" terminar aquella vida desordenada y organizar la sociedad en serio. La primera comisión directiva constaba sólo de presidente, secretario y tesorero, y estos altos cargos fueron ocupados, con el voto directo de los asociados, por A. Caimi, presidente; T. Jeanselles tesorero, y G. Brunett, secretario. Se designó a A. Villar capitán del "team" y vicecapitán o capitán suplente a E. Dellisola. Las cosas comenzaban a tomar forma y se pensó entre los dirigentes y asociados, en una inolvidable asamblea, bautizar el club con algún nombre. Alguien, nunca se supo en virtud de qué, propuso que se llamara Club Defensores de Villa Crespo, nombre que no encontró la aprobación de los socios, pues, con muy acertada razón, se dijo que mal podían ser ellos defensores de Villa Crespo, si la institución y sus componentes, estaban en Nueva Pompeya. El que había propuesto este nombre, no hizo mayor defensa de su propuesta y sólo la explicó, diciendo, que "era tan lindo..." Sin duda la sonoridad del nombre le había caído en gracia, o tal vez lo sugestionó un sainete que por aquella época se daba en el Apolo, en el que el inolvidable Trejo hacía cantar a un grupo de compadritos que se llamaban "Los Defensores de Villa Crespo". Pero el caso es que el nombre no fue adoptado y en cambio fue entusiastamente aprobado otro más pintoresco e ingenuo que, si no llegó a prosperar, fue por la precaria y angustiosa situación financiera de los muchachos, pero no porque no gustara de veras a todos.

"Club Verde Esperanza y no Se Pierde"
DECIR este nombre uno de los chicos y aplaudir entusiastamente todos, fue todo uno y esto puso una vez más de relieve la ingenuidad infantil de aquellos chicos, que tenían entre sus manos la piedra fundamental de una poderosa asociación. El nombre, largo, inocuo y ridículo, pareció a todos fantásticamente sugestivo, y resolvieron bautizar así el club, dirigiéndose en corporación a la imprenta que un señor Richino tenía en la avenida Sáenz, casi esquina a la calle Esquiu. Plantearon al señor Richino la situación precaria por que atravesaban y pidieron al imprentero que les hiciera un sello de goma, con el nombre de la institución, nombre que acababan de elegir y que le traían apuntado en la orilla de un diario. Richino se caló las gafas, leyó el escrito, miró al grupo de purretes y dijo: — Esto no es nombre para un club de fútbol, ni ustedes tienen plata para pagar un sello de goma con tantas macanas... Los chicos quedaron perplejos. El razonamiento de que ése no era nombre para un club de fútbol, no acababa de convencerlos. Ellos eran los dueños y como tal tenían derecho a ponerle el nombre que les viniera en gana, pero lo que no tenía vuelta de hoja era la faz financiera. Ustedes no tienen plata para un sello de goma con tantas macanas... La frase iba de boca en boca y el pebete Caimi, que ejercía la presidencia, se encaró con Richino y le dijo: — Y entonces, ¿qué quiere que le pongamos? — Miren muchachos — les dijo el imprentero; — si ustedes me piden un consejo, yo se lo voy a dar. Bauticen el club con ese nombre — y les señaló un almanaque colgado de la pared, obsequio de una tienda. Volvieron los chicos sus cabecitas, trastornadas en aquel momento por el grave problema que se les acababa de plantear y se encontraron con unas letras grandes, doradas, escritas sobre un globo, que decían "El Huracán". Aquellos muchachos, impresionables y dúctiles a toda sugestión, saltaron de alegría. Veían aquellas nueve letras, sonoras, llenas de sugestión y de un significado valiente, y aceptaron el nombre. Richino, al ver la cordial acogida de su idea, agregó que era simpático además en aquellos momentos, ese nombre, por ser el del globo de Jorge Newbery que acababa de hacer el glorioso vuelo a las tres repúblicas. Quedó el nombre aceptado y se encargó el sello, con la dirección local social, que era la casa de uno de los asociados.

Huracán se escribe con hache

PASARON algunos días y la comisión directiva fue en busca del sello a la imprenta de Richino. Ya tenían sello. Pagaron los dos pesos cincuenta centavos convenidos, y llevándose de regalo la almohadilla de tinta, salieron corriendo hacia el local social donde estaba reunida la asamblea, que esperaba ver concretada en el sello de la institución, la seriedad y existencia real del querido club futbolístico. Como una tromba entraron los tres dirigentes con el paquetito del sello, y en presencia de todos los socios que rodeaban la mesa directiva en su curiosidad infantil, estamparon sobre el libro de actas el sello recién comprado. ¡Muy bien! Fue el grito unánime de todos; pero el febril entusiasmo de la muchachada fue bruscamente interrumpido por uno de los socios, el chico E. Dellisola, que, más serenamente, y sin ofuscamiento, había observado el sello y dijo fríamente, tan fríamente que dejó a todos helados... — Huracán, se escribe con hache... No había qué contestar, ni qué decir. Mudos de indignación ante la evidencia de aquel error incorregible, tomaron los dirigentes el sello y volvieron a casa del imprentero. Richino escuchó la reclamación, sin inmutarse. No titubeó en la respuesta y engañó a los chicos astutamente. — Se escribe de las dos maneras — les dijo: — Con H si se refiere al viento huracanado y sin h si se refiere al globo. Ustedes han bautizado el club por el nombre del globo, pero por la falta de la h les voy a descontar cincuenta centavos... Los chicos ante el descuento y ante el razonamiento desconcertante de Richino, volvieron al club con el sello envuelto y siguieron usándolo algún tiempo, contra la voluntad del "gramático" Dellisola, que protestaba todos los días contra la fuerza de aquel "uracán" que se había llevado la h por delante. Y así, con el más ardiente entusiasmo "los once de Uracán" sin "ache", seguían defendiendo palmo a palmo, los colores del club. Formaron el primer cuadro de "Uracán" sin "ache": Verni, Leroy y López; Fariña, Billard y Guruchaga; Dellisola, Salgado, Lujan, Fernández y Cambiaso. Estos jugadores fueron más tarde reforzados por un grupo de chicos de otro club del barrio que tuvo que disolverse. Engrosaron las filas de "Uracán" entre otros un elemento que luego fue un verdadero "crack" del fútbol, Agustín Alberti. Afiliado a la Liga Centenario que por aquella época tenía su sede en las calles Bolívar y Garay, continuaron los bravos muchachos su carrera, desorganizados como entidad deportiva, pero unidos y triunfantes como cuadro de fútbol, que llegó hasta a vencer al cuadro del Club Unión, conquistando un valioso trofeo que aún se conserva en el club.

Sello nuevo de Huracán con "h" y. . . vida nueva
ERA necesario cambiar de rumbo y formalizar las cosas. Un día, inolvidable para los asociados de la primera hora, se reunieron éstos para deliberar sobre el club. Era el 1º de noviembre de 1908. De aquella gran asamblea, puede decirse que salieron las bases sólidas sobre las que se levantó el futuro gran Club Atlético Huracán. Era necesario darle a la entidad todo el carácter de una institución seria, y como es natural, lo primero que se resolvió, fue no seguir empleando el viejo sello, y mandar hacer uno nuevo con "H" y en el que constara como fecha verdadera de fundación, el día de esa asamblea. Esta es la razón por la cual no obstante haberse en realidad fundado el club un año antes, la fecha oficial de su fundación es la del 1º de noviembre de 1908, es decir a partir del nuevo sello. La época de "Uracán" no fue oficializada por los asambleístas de aquella memorable tarde. Terminada la asamblea, aquellos muchachos, con más de un año ya de experiencia, y aconsejados por nuevos socios del barrio, dieron tres grandes hurras por el club, y se juramentaron para luchar por él con todo el cariño con que durante tanto tiempo lo habían hecho. Comenzaba pues la nueva vida del Club Atlético Huracán; se clasificó en la vieja liga "43", campeón durante cuatro temporadas seguidas, y luego en la liga Anglo Argentina logró el segundo puesto, detrás del viejo club Sol Argentino. Esos primeros años de Huracán fueron presididos sucesivamente por Caimi Laguna, Balsasmini, González y Jacques, que encontraron en sus comisiones directivas hombres como Fariña, Dellisola, Basadone, Alessi, Brunett, Chiarante, Stefanini, Alberti, Jeansalles, Berrondo, Salvarredi y Ramponi verdaderos "pioneers" del progreso de Huracán, pues jóvenes en esa época, fueron sus iniciadores en la infancia y han seguido siendo hasta hoy sus entusiastas "hinchas", ya hombres. A fuerza de funciones teatrales y cinematográficas, el club fue sosteniendo su situación financiera, y comenzó en toda la zona a tener una influencia social, que le dio el prestigio que hoy tiene en Nueva Pompeya y Parque Patricios, prestigio que supo conquistar desde la iniciación de sus fiestas teatrales.

El ingeniero Jorge Newbery "hincha" de Huracán
CUANDO los muchachos del club resolvieron cambiar de sus camisetas la inscripción con el nombre, por el globo que hoy tiene, para ligarlo aun más al simpático aeróstato del malogrado deportista argentino, resolvieron enviarle a Newbery una carta, solicitándole el permiso y retribuyendo su supuesta autorización, con el título de Presidente Honorario. Era por aquel entonces Jorge Newbery presidente del Aéreo Club Argentino y con la afabilidad y bonhomía que le eran características, les contestó a los muchachos una carta afectuosísima, que aún se conserva en el club, encuadrada sobre una felpa roja. En ella, no solamente autorizaba el uso del globo como insignia del club, y aceptaba el honroso cargo, sino que se ofrecía a la entidad para cuanto pudiera serles necesario. Bastó la intervención de Jorge Newbery a favor de Huracán para que el presidente de la Asociación Argentina de Football, entonces Hugo Wilson, solucionara todos los inconvenientes y la cancha de Huracán, situada en la calle Arena (hoy Almafuerte), a la que se había trasladado de su vieja cancha en las proximidades de la estación Sáenz, quedase oficializada en la Liga. A raíz de su afiliación a la Asociación, fueron presidentes sucesivamente de Huracán, Juan Jacques, Hilario Ramponi y Germán Blanco.

A pie a La Plata para jugar un partido
ERA necesario en cierta oportunidad jugar un partido de segunda con el club Independiente de La Plata, en cuyo "field" de la capital de la Provincia, debían disputarse los dos puntos de reglamento. El caso era grave, pues Independiente tenía un gran cuadro y los de Huracán anhelaban cotejar sus hombres con aquellos. Pero el caso es que un grupo de jugadores del club de Nueva Pompeya, estaba totalmente "pato" el día anterior al partido, y que era tal la pobreza, que no tenían dinero para pagarse ni el pasaje de segunda en el Ferrocarril del Sud. Los pobres jugadores eran M. Basadone, E. Dellisola, H. Chiarante, y P. Fariña. ¿Qué hacer? — Irnos a pie — dijo uno. Se miraron y sin discutirlo, tomaron sus valijas y paso a paso emprendieron desde Nueva Pompeya el viaje a pie a La Plata. ¿Hay algún jugador de los de ahora, capaz de una empresa semejante? Sabedor de esta resolución, un señor Ramponi, dirigente del club y hombre de recursos, no obstante enterarse de ello en las primeras horas de la noche, resolvió atar un sulky y darles alcance. Ramponi, alcanzó a los "linyeras" cerca de Quilmes y los habilitó para que siguieran el viaje en tren, pues, como les dijo: — Si ustedes siguen a pie, cuando lleguen a La Plata, más que para entrar al "field" y jugar un partido estarán para entrar a la cama... Gracias a este gesto, el once de Huracán ganó a Independiente por 1 a 0.

Vendieron el voto para terminar la cancha

ERA necesario terminar la cancha, para solicitar la afiliación en la Liga y el momento era apremiante para la comisión directiva. ¿Qué hacer? ¿De dónde sacar recursos? Una luz iluminó el cerebro de uno de los dirigentes. Cerca del club funcionaba un comité político que presidía el doctor Eliseo Cantón. El comité era de La Unión Nacional. El dirigente del club planteó al doctor Cantón la situación difícil de la entidad y pidió ayuda al político. Este vio rápidamente un contingente apreciable de votantes en toda aquella muchachada afiliada al Club Atlético Huracán, e insinuando la conveniencia de que los "muchachos" se inscribieran en el comité, les facilitó materiales, dinero, cerco de alambre, postes y todo lo necesario para concluir la cancha... a cambio del voto. No existía en esa época el "cuarto oscuro" y le fue fácil al doctor Cantón comprobar la entusiasta adhesión de la muchachada que no trepidó en nombrar a tan fulminante protector de la institución "socio honorario".

Cantoni, otro "hincha" entusiasta de Huracán

EN el escenario de los dirigentes de Huracán, aparece, después de la presidencia del doctor Lorenzo N. Colonello, la figura del doctor Aldo Cantoni que preside la institución en los momentos más difíciles, pues requebrajado el principio de autoridad, los jugadores de la primera división abandonan las filas, ralean éstas y peligra el buen nombre de la institución. El doctor Aldo Cantoni, con su sola presencia al frente del club, impone orden en aquel desconcierto, que amenaza derrumbar toda la obra realizada, levanta el espíritu, inyecta optimismo, y logra tras este esfuerzo de su acción que el Club Atlético Huracán se clasifique campeón en 1924 y 1923. Siguió a la del doctor Cantoni, la presidencia del doctor Alfredo Lazcano a quien le tocó la suerte de inaugurar el actual gran estadio y dependencias modernas del club, en la calle Luna y avenida Alcorta, obra iniciada y gestionada por su antecesor y por la acción perseverante del dirigente don Miguel Mega, y la garantía de don Pastor Barbosa, otro puntal del club. Sigue a la presidencia del doctor Lazcano la del señor Iñarra Iraegui, a quien le tocó en suerte presidir cuando Huracán obtuvo el título de campeón de 1928. A don Plácido Armando, le tocó presidir el club al iniciarse el profesionalismo. Tal vez esto determinó en la nueva presidencia del doctor Aldo Cantoni, un nuevo y extraño movimiento de disolución dentro del club. El profesionalismo entró en el fútbol a despertar pasiones dormidas, y una lucha intensa se agitó rápidamente dentro de esta pacífica institución. El doctor Cantoni y la comisión directiva se vieron obligados a renunciar. El club se dividió en dos bandos irreconciliables. Vinieron nuevas elecciones llenas de peripecias y características de lucha política por la actividad desplegada por ambos bandos y el 1º de mayo de 1933 triunfó por abrumadora mayoría "la lista blanca y roja", que llevaba nuevamente a la presidencia del Club Atlético Huracán al doctor Aldo Cantoni.

Los grandes jugadores de Huracán
No es posible terminar esta crónica sin enumerar la lista de verdaderos "cracks" salidos del "field" de Huracán en todas sus épocas y al hacerlo, es necesario destacar los nombres de A. Alberti, P. Martínez, M. Basadone, E. Dellisola, E. Fernández, P. Laguna, J. Chavin, E. Kiesell, Carabelli, A. Pratto, L. Monti, C. Nobile, R. Vázquez, A. Chiessa, C. Onzari, A. Loizo, G. Danhaer, F. Scursoni, F. Fodríguez, M. Fortunato, J. Evaristo, L. Giglio, P. Bartolucci, P. Spósito, S. Stábile y A. Rivarola.§

4 comentarios:

  1. La foto que dice "circa 1950" es de un Huracán-Boca de 1962. Obsévese las citas a Unión Popular que era un partido político de ese entonces.-

    ResponderEliminar
  2. el sexto grande, porque son 6 y no 5.... mi amado globo.

    ResponderEliminar
  3. Exelente nota x siempre Huracan.

    ResponderEliminar

Si tenés fotografías que te gustaría subir a este blog, mandalas por Twitter a @ViejosEstadios